2 de marzo de 2011

!John Lennon en tí confio!




Todos los días entro en el Facebook para ver las publicaciones de mis amigos, de mi familia, de mis compañeros y siempre saco algo positivo de lo que leo, veo y escucho.
Pero hoy después de hacer mi recorrido diario, y como suelo hacer normalmente,  me he pasado por la prensa digital, para ver que se cocía y aparte de la sinrazón del señor Gadafi,  he leído que el paro había subido, de nuevo, y hemos alcanzado la cifra de 4,3 millones de parados, de personas sin trabajo, de desempleados, de padres, madres, jóvenes, menos jóvenes, inmigrantes, vecinos, amigos, hijos, compañeros y un largo etcétera de células madre en movimiento que no tienen para vivir y prosperar dignamente.
Esto me ha llevado a  la siguiente reflexión y sin querer pecar de demagoga o de listilla aprovechando el momento, creo que ya está bien de cifras y más cifras. Todos conocemos a alguien que está sufriendo ese momento terrible de ver cómo pasan los meses y no consiguen encontrar ese puesto, ese lugar en la sociedad en la que viven.
Yo no sé de quién es la culpa, ni me importa, para eso hay gente suficiente que se acusa, denuncia, grita o debate sin tregua en las cadenas de televisión o de radio.
Tampoco sé sin son los políticos, el gobierno, los empresarios, los sindicatos o los hados que no nos son favorables, pero lo que sí sé es que está muy bien que nos preocupemos de cómo va el resto del mundo, pero sin dejar de lado lo nuestro, porque lo nuestro es lo más cercano, lo que más  nos duele, lo que nos aterra, lo que nos hace ser dolientes de familiares y amigos.
¡Ya basta de palabras huecas! Pasemos a la acción. Todos sabemos lo que hay. Bancos con grandes beneficios que prejubilan a personas que todavía pueden ofrecer su experiencia y su trabajo. Grandes empresas que echan, esa es la palabra, echan a sus empleados, inclusive a los más fieles a la calle, como a perros, alegando pérdidas y después te enteras que han abierto una sucursal en Países más rentables. Autónomos y pequeñas medianas empresas, que por cierto siempre han sido y seguirán siendo el motor de este nuestro País, a los que se les  fríe a impuestos, no se les da créditos y tampoco pueden indemnizar a sus empleados.
Todos y cada uno de nosotros tenemos casos cercanos, que nos duelen, que nos preocupan y me pregunta es: ¿Qué hacemos nosotros al respecto?
Sé que hay organizaciones que se encargan de ayudar a quien pueden, que hay personas anónimas que ayudan personalmente a otras personas en esta situación y pequeños o grandes grupos que intentan solucionar o paliar en la medida de sus posibilidades, hambres y otras necesidades, pero también sé que no es suficiente.
Yo no creo que solo debamos  buscar culpables, porque culpables somos todos. Unos por aprovecharse de la situación, otros por tragar con lo que le ofrecen, otros por no denunciar a su debido tiempo y por ultimo nuestro conformismo, que no sirve para nada y que cada vez hace que aumente más la cifra del paro.
Jóvenes preparados que se van a otros países donde les ofrecen un puesto digno, personas mayores de 55 años o menos que se encuentran de brazos cruzados en sus casas pensando en que daño le hicieron a la empresa para encontrarse en esa situación. Casos y más casos, todos igual de pavorosos o de tristes.
                ¿Por qué no hacer algo? Y os preguntareis, como yo me lo pregunto: ¿Qué hacer?
Quizá deberíamos reflexionar porque somos capaces de unirnos para celebrar el éxito de nuestra selección o manifestarnos a favor o contra el aborto, los matrimonios homosexuales y todavía nadie se ha manifestado, pacíficamente contra las cifras del paro. No necesitamos estar abanderados por nadie. Ni por sindicatos, ni políticos, ni actores, ni curas. Somos nosotros, la gente, la señora del quinto que tiene a su hijo en paro desde hace 1 año o más. Carmen la peluquera que va a tener que cerrar el negocio y lo sigue manteniendo porque no puede pagar a sus empleados la indemnización y muchos otros, todos conocidos por nosotros.
                No pretendo con esta mi reflexión criticar al gobierno, a la oposición, a los sindicatos o los empresarios, ni mucho menos. También ellos lo tienen complicado, lo sé. No es fácil para nadie. No pretendo tampoco que se piense que estoy en contra de partidos políticos o de otros estamentos oficiales. Creo en le democracia firmemente y no conozco, ni tampoco quiero otra forma de convivir, pero sobretodo creo en la gente. Sin la gente no habría políticos, gobiernos, sindicatos, ni  empresas.
                Seguramente la gente que lea esto en mi blog, me tache, como dije al principio de demagoga o de poco inteligente o de vete tú a saber. No me importa si consigo con este escrito remover conciencias  y hacer que entre todos superemos este momento tan terrible para 4,3 millones de personas.
                Desde aquí lanzo mi grito a empresarios, políticos, sindicatos para que de una vez por todas dejen de discutir y se pongan a trabajar de verdad y también mi grito a la gente de la calle para que busquemos soluciones entre todos, ayudemos en lo que podamos y nos manifestemos todos los días a través de los foros hasta conseguir que las cosas cambien y podamos sentirnos libres de culpa por no haber hecho nada hasta ahora.
                Un saludo y ojala esto sirva para algo.


!John Lennon en tí confio!

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